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Cubiertas de Madera

La madera es una materia prima de origen vegetal que se encuentra en los troncos de los árboles, debajo de su corteza, y que es utilizada como material estructural. Sus cualidades principales para la construcción son su resistencia, su ligereza y su carácter de material natural renovable.

Según su dureza podemos clasificar a la madera natural en dos grupos: blandas y duras. Las maderas blandas son extraídas de árboles de rápido crecimiento, son fáciles de trabajar, más económicas y de colores generalmente muy claros. Este tipo de madera posee una vida más corta que las de mayor dureza y su carencia de veteado las hace menos atractivas, además de producir mayor cantidad de astillas. Su falta de veteado les resta atractivo por lo que muchas veces es necesario pintarlas o teñirlas. Dentro de las maderas blandas podemos encontrar el pino, abeto, álamo, sauce, etc. Las maderas duras, por otro lado, son aquellas procedentes de árboles de crecimiento lento, por lo que pesan más y soportan mejor las inclemencias del tiempo. Proceden de árboles que tardan décadas en alcanzar su grado de madurez para ser cortados y utilizados. Debido a su lento crecimiento su precio es mucho más elevado que las maderas blandas, pero son de mucha mayor calidad y durabilidad.

Denominamos cubiertas a las estructuras de cierre superior que sirven como cerramientos exteriores, proporcionándole al edificio protección contra los fenómenos meteorológicos (lluvia, nieve, calor, frío), además de ofrecer intimidad y aislamiento acústico. Los techos de madera han sido utilizados a lo largo de la historia del hombre y hoy en día son uno de los elementos de arquitectura y decoración más populares, útiles y versátiles. No hay nada mejor que la madera para darle a tu habitación una apariencia cálida y acogedora. Al ser un material versátil combina con todos los estilos y se mezcla bien con diversos materiales. Aporta gran rigidez contribuyendo a la estabilidad y durabilidad de la obra, además de poseer propiedades térmicas conservando el calor en invierno y evitando el ingreso del mismo en verano.

La madera más utilizada para los techos era el Pino del Brasil que hoy en día está en peligro de extinción, siendo reemplazada por el Pino del Paraná, que posee menor resistencia pero es más económico, mientras que para las vigas se utilizan maderas más duras como el Paraíso o Pino Elliots entre otros. También se utilizan para los techos el cedro, el roble, castaño, la teka o el ipé. El tipo de madera a elegir dependerá del presupuesto con el que contemos y de nuestros gustos y preferencias. Lo que sí debemos tener claro a la hora de la elección es que la madera haya sido tratada previamente mediante un secado adecuado, para evitar torceduras y pérdidas de estabilidad o filtraciones, acelerando el deterioro del conjunto.

Los diseños más frecuentes que podremos encontrar en techos de madera son los de dos y cuatro aguas. Los techos a dos aguas están compuestos por dos faldones unidos en el medio. Se utilizan mayormente en las zonas con climas lluviosos o de fuertes nevadas, ya que por su propia inclinación permite el desagote del agua o nieve por simple gravedad. Por otra parte, los techos a cuatro aguas son aquellos que cuentan con cuatro faldones, es decir, cuatro superficies inclinadas que descienden desde la zona central de la vivienda hacia las cuatro fachadas de la misma. Al igual que los techos a dos aguas, estos permiten eliminar el agua de lluvia o nieve que se acumula mediante gravedad, pero con la ventaja que no son afectados por la procedencia del viento dominante. Antes de la colocación de los techos es necesario de los rastreles, listones gruesos donde se colocarán las planchas de madera con las que será cubierta la superficie.

Debemos estar atentos a los factores que puedan provocar daños en nuestro material y reaccionar rápidamente ya que una acción tardía nos podría costar caro, sobre todo si se trata de las vigas que conforman la estructura. Los principales enemigos de la madera de los cuales debemos cuidarnos son la humedad, la cual puede provenir tanto del exterior como del interior, y provocar que la madera se hinche. Los insectos, como las termitas u otras especies, que pueden encontrar refugio en la madera utilizándola para nutrirse y reproducirse en su interior poniendo en peligro la estructura. Mientras más rápido se detecte el tratamiento será más efectivo, aunque a veces es mejor reemplazar la pieza. Los hongos y moho que son consecuencia de la falta de protección al agua. Para prevenirlos se utilizan fungicidas y para eliminarlos se puede utilizar agua y detergente aplicados con un paño húmedo. Por último la luz solar, otro factor que influirá y deteriorará la madera si esta no es tratada adecuadamente.

No existe un tipo de madera determinado para cada estancia, eso dependerá de tu gusto, tu presupuesto y del estilo de decoración que quieras proporcionarle a tu hogar. Sin embargo existen algunas combinaciones que siempre han funcionado. Por ejemplo, si posees una estancia pequeña una buena opción es la elección de techos con colores claros y frescos, estos le darán a tu espacio una sensación de amplitud y luminosidad. Puedes combinarlos con paredes pintadas de color beige, amarillo claro o marrón, para ganar espacio visual y lograr que la sala no nos genere una sensación de agobia. En cambio si posees una estancia mucho más amplia, puedes optar por techos de madera oscuros que nos ofrezcan una sensación acogedora y de calidez. Estos tipos de techos pueden ser combinados con casi cualquier color, azul, verde, blanco, etc.

Recuerda siempre tener al menos tres presupuestos para la obra donde te ofrezcan la misma calidad de materiales, así podrás elegir la mejor opción. Ten en cuenta que el profesional adecuado será el que escuche tus necesidades y gustos, y te asesore ofreciéndote las mejores opciones. No olvides que el resultado final de la construcción debe gustarte a ti, por lo que no dejes de dar tus opiniones sobre cómo quieres que sea tu hogar, para que el resultado final sea gratificante. Disfruta de tu hogar.

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